PREMIADOS JANTOUR 2019

Los Premios Jantour celebran la gastronomía como modo de vida

Los premiados, con sus placas, junto a los ‘chefs’ y representantes de El Correo y de las empresas patrocinadoras que entregaron los galardones. Fotografía: Ignacio Pérez

Fuente: El Correo – 28 Mayo 2019 -Carlos Benito

BILBAO. Dice el tópico que lo que más les gusta a los vascos es comer y que, a falta de una mesa bien surtida, lo segundo que más les gusta es hablar de comida. Los Premios Jantour están en esa línea: constituyen una celebración de la gastronomía como modo de vida, capaz de extasiarse ante el huevo perfecto de una gallina campera o ante la preparación más sofisticada de algún cocinero visionario y cosmopolita. Esos dos extremos de la experiencia culinaria estuvieron presentes ayer en la ceremonia de entrega de los galardones, organizada por El Correo en el Palacio
Euskalduna con el patrocinio principal del BBVA. Fueron cuatro horas para hablar de manjares, reflexionar sobre el proceso que los lleva hasta el plato y, por qué no, reírse de buena gana con algunos de los personajes impagables que impulsan a fuerza de pasión el arte de los fogones.

Jantour, el cuadernillo gastronómico de este periódico, nació hace casi tres años con la vocación específica de abarcar las distintas facetas de este universo: desde la granja o el mar hasta el honesto menú del día o la degustación más refinada. «Nuestra intención fundamental era incorporarnos a la comunidad de las personas relacionadas con la gastronomía, y creo que lo hemos conseguido», planteó el director de EL Correo, José Miguel Santamaría, mientras que el director de la Territorial Norte del BBVA, Carlos Gorria, celebró el «arraigo» del suplemento: «Los viernes, muchos empezamos el periódico por Jantour, metiendo en el móvil las direcciones y los teléfonos de los restaurantes».

La gala arrancó fuerte, con una ponencia de David de Jorge sobre su asombrosa transformación en «el gordo más delgado del mundo», aunque ayer se permitió el raro lujo de zamparse una punta de chuleta «con su grasa torrefactada». También hubo dos mesas redondas (sobre el txakoli en la alta gastronomía y la situación del sector primario) y una conversación de Benjamín Lana, presidente de la división de Gastronomía de Vocento, con el cocinero Ángel León, ese hombre «con la cabeza en el mar y los pies en la tierra» que regenta el restaurante Aponiente en El Puerto de Santa María (Cádiz). Además, se contó con una zona de ‘stands’ de los patrocinadores y colaboradores del evento: Cervezas Oro, BMW Lurauto, Coca-Cola, Cook play, Cafés Foronda, Arcecarne, Ibéricos COVAP, Bodegas Díez-Caballero, Bacalao Giraldo, Patatas Los Leones, Anchoas Codesa, Aceite Casería de Huéllar y Bodegas Itsasmendi.

El momento más emotivo llegó con la entrega de las placas a los siete galardonados: la cocinera Zuriñe García, del Andra Mari de Galdakao; Itziar Insausti, de la bodega Doniene Gorrondona de Bakio; Saioa Urkiza, de la granja avícola Epetxa de Labastida; Pablo Valdearcos, del restaurante bilbaíno AL Margen; Juanma Díaz, de la Casa de Marinos de Plentzia, y dos titanes de la gastronomía.

Mirando al Norte
Primero, Ángel León recibió el galardón al maestro cocinero: «Llevo toda mi vida mirando al Norte, la cuna de la cocina en este país. Que a uno de Cádiz le den un premio en Bilbao es muy grande», bromeó. Después, Jabier Gartzia, del Boroa, recibió el homenaje de sus compañeros de oficio con motivo de su jubilación: le entregó la placa un imponente plantel de ‘chefs’ ilustres con
estrella Michelin en el que figuraban Bittor Arginzoniz, Eneko Atxa, Daniel García, Josean Alija, Zuriñe García, Fernando Canales y Sergio Ortiz de Zarate.

En su discurso, Gartzia renovó su asombro por lo mucho que han cambiado las cosas desde que él empezó. También entonces se decía que lo que más gustaba a los vascos era comer, pero nadie soñaba que sobre esa perenne gula se podía levantar un sector tan ambicioso. «Es una pasada lo que tenemos en Euskadi, son ochenta por sesenta kilómetros y se ha convertido en un referente en la cocina mundial. Vienen en avión para comer en un sitio, en otro… ¡Yo no pensaba ni de coña que iba a ver esto!».

 

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