Verduras Invernales

Foto: AVDG

Autor: Juan José Lapitz/Académico de Número.
Publicado en: Saber y Sabor de “El Diario Vasco” (14/11/2015)

Cuando comienzan a caer las hojas de los árboles, hay mucha gente que cree que en otoño-invierno las huertas para y paran y nada crece con ellas. Son muchos los que me dicen: “Ahora no tendrás cosa alguna para recoger”. Cuando, en realidad, están en plena sazón más de una docena de productos de excelente calidad. Algunos como las berzas, que esperan las primeras heladas para que sus hojas se vuelvan quebradizas y tiernas.

Libro Cesta VerdurasA enseñarnos a sacar el máximo provecho culinario de estas verduras invernales ha venido el tándem formado por Nagore Garcia de Vicuña y Diego Zarrabeitia, periodista y fotógrafo respectivamente, con el libro, “Invierno. Qué hago con mi cesta de verduras”, que presentó Txertoa (16 euros) hace quince días. Es la segunda parte de otro, que se puso a la venta hace medio año, en el que protagonistas eran las hortalizas primaverales.

Con prosa fácil y fotografías en color de gran belleza, los autores nos describen una veintena de prodcutos que están en sazón en otoño-invierno y casi un centenar de rectas, sencillas y sabrosas, con las que podemos presentarlos a la mesa.

Como quiera que estamos hablando de géneros económicos, y los ingredientes que se proponen también lo son, hablamos de recetas aptas hasta para los bolsillos más humildes. Atención a las útiles sugerencias que acompañan a algunas fórmulas y las advertencias de sus contenidos de gluten, cereales, lácteos…., que pueden interferir en la salud de quienes las utilicen.

La calabaza y la coliflor con diez preparaciones diferentes de cada una de ellas se llevan la palma. Como quiera que las curcubitaceas que se me han dado muy bien este año de huerta, probé con la crema de calabaza asada (antes de siempre la cocía) y elegí una esférica, como las que se han utilizado para la celebración de Halloween. A duras penas conseguí hincar el cuchillo y partirla por la mitad, tal era la dureza de la corteza, y la metí al horno con tres patatas, dos cebollas y unos dientes de ajo. A los veinte minutos estaban a punto. Me sorprendió la facilidad con la que se desprende la carne de la piel de la calabaza, una vez asada, y un acusado dulzor. Triturar, añadir un poco de crema fresca, salpimentar y a la mesa. Una delicia que admite el complemento de unos panes fritos.

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