Uvas o… lentejas bienhechoras

No quisiera pecar de quisquilloso al insistir en todo lo que aborrezco de las navidades. En concreto sus rituales llenos de obligatoriedad, henchidos de mentiras o medias verdades. Esos festines con rasgos cada vez más desdibujados, en donde el banquete familiar, entrañable de antaño y en torno a unos productos típicos y tópicos, pero a la vez sencillos, se está sustituyendo por una larga letanía de despropósitos en los que caen muchos en este reino- efímero y superficial – del  despilfarro incluso en esta situación de profunda crisis, sobre todo para algunos más desfavorecidos.

Esta situación me hace recordar a los descarnados relatos del gran escritor Brasileño Rubén Fonseca y en particular, a uno pleno de mala uva llamado “Once de Mayo” (perteneciente a “El Cobrador”). Cuenta que unos ancianos recluidos en una especie de asilo-cárcel llevan a cabo un singular motín en el departamento del director. Su misión inicial es la de exigir un trato digno, pero en cuanto descubren el refrigerador, todo cambia. “Hay cerveza, huevos, jamón, mantequilla”, describe el narrador. “El refrigerador está lleno […] Ahora comen huevos con jamón y beben cerveza. Lo que más les gusta a los viejos es comer. Y están felices y satisfechos como si el objeto de nuestro motín fuera comer huevos con jamón. Tal vez, se pueda decir esto, que el objetivo de toda revolución es más comida para todos. Pero en aquel momento estábamos sólo saqueando la nevera del director de un asilo de ancianos denominado: Hogar por la hipocresía oficial”. De todas las formas, quisiera ver en estos banquetes navideños algún aspecto positivo y para ello, me apoyo en las palabras de la escritora uruguaya María del Carmen Soler: “El banquete es el triunfo de convertir una mera necesidad en una fiesta total, suavizando a la par la soledad del individuo durante unas horas de especial satisfacción, por medio de un gran vínculo de la comida en común”. Por eso parece oportuno volver al redil navideño y en vísperas de la cena de Nochevieja comentar un poco los antecedentes de este festín más lúdico que ningún otro.

Desde los inicios del Imperio Romano, enero estaba dedicado al dios bifronte Janus. En ese tránsito del año, ya los romanos invitaban a comer a los amigos y se intercambiaban miel con dátiles e higos, todo un simbolismo para que el año que comenzaba fuese dulce. Esta costumbre romana fue entrando en Europa, donde con el mismo fin de recabar prosperidad comenzaron a ofrecerse lentejas, de las que se dice que propician la bonanza económica. En la Edad Media, la Iglesia trató de oponerse a las viejas costumbres pero no consiguió extirpar la atmósfera licenciosa de la noche de San Silvestre, único islote pagano de las doce noches navideñas que la Iglesia las consideraba- en principio- con férreas abstinencias y ayunos, como periodo de renovación espiritual.

LentejasLa cena de Nochevieja empezó a convertirse en una festividad obligada por la moda tan sólo desde finales del siglo XIX. El 1 de enero de 1894 en el periódico El Imparcial en un artículo titulado “las uvas bienhechoras” se hablaba ya de esta costumbre “importada de Francia”. Sin embargo, la tradición de despedir el año comiendo lentejas – mucho más ancestral que la de las uvas- sigue plenamente vigente en Italia donde creen que traen suerte, al margen de la gran suculencia del plato ya que sirven de complemento al ‘Zampone’ (o también con cotechino): una contundente y gustosa pata del cerdo deshuesada y rellena de sus propias carnes. Y aunque les parezca muy populista y poco adecuado para un banquete navideño, hay que precisar que hace ya un tiempo las humildes y a veces despreciadas lentejas han entrado por la puerta grande de la Alta Cocina actual. Basta citar unos ejemplos punteros: El hoy televisivo Pepe Rodríguez Rey (jurado del popular “MasterChef”) del restaurante El Bohío en la población toledana de Illescas, preparaba hace años una espectacular Sopa de lentejas con morcilla de pichón y sorbete de foie gras. Pedro Subijana en el Akelarre, nos deslumbró hace bastante tiempo con una de sus incontables delicadezas, a la que denominó Irlandés de lentejas y setas, dada su presentación similar a la del famoso café con whisky y nata.

Autor: Mikel Corcuera-Crítico Gastronómico, Premio Euskadi de Gastronomía a la Mejor Labor Periodística 1998; Premio Nacional de Gastronomía en 1999.

Publicado: Noticias de Gipuzkoa, Gastroleku, Saberes y sabores (27 de Diciembre de 2013)