Las Sopas del Camino (II)

Fotografía: Peregrinos por los caminos parcelarios antes de llegar a Villafranca Montes de Oca (www.senditur.com)

Diario de una peregrinación
De St. Jéan Pied de Port a Santiago de Compostela.
Uno a Veinticinco de Mayo de 1993
Autor: Miguel Muñagorri, Académico Correspondiente de la Academia Vasca de Gastronomía
Publicado: Boletín de la Cofradía Vasca de Gastronomía/Gastronomiazko Euskal Anaiartea (Nº29/1993)

Sopa de pescado

La iglesia de Santiago en Logroño, corona su entrada principal con una gigantesca estatua del Santo Matamoros a caballo. Santiago y cierra España.

Santiago Matamoros Catedral Logroño (www.elcaminoasantiago.com)

Desde Logroño se ven las sierras de su alrededor cernidas de tormentas. Peñacerrada, Codes, Piqueras, Cameros, cubiertas de nubes negras se bañan en cerrados chaparrones. La capital de La Rioja queda seca y sobrevolada por numerosas cigüeñas que huyen del agua asustada e inquieta.

Pasando la ciudad el paisaje se ameniza con el precioso parque alrededor del embalse de la Grajera.

Es paradójico que en un típico y renombrado restaurante de Logroño, no haya carta de vinos, la bodega tenga un solo vino blanco y un solo clarete y el tinto de la casa sea una vulgaridad. La única sopa de la carta es una sopa de pescado.

El peregrino sigue su ruta hacia el oeste.

Logroño, Seis de Mayo de 1993.

Sopas de cocido

Navarrete marca el primer hito del caminar de Santiago después de pasar Logroño. Su iglesia en lo alto llama a la curiosidad y su retablo la sacia con su dorada magnificencia repleta de aúreos racimos de uva.

El caminante bordea la sierra de Cameros ensombrecida por tormentas amenazantes, hasta alcanzar la ribera del río Najerilla, caudaloso en esta época del año.

Nájera con su convento de Santa Elena y las iglesias de la Santa Cruz y Santa María la Real, alimenta la fe del peregrino.

El alimento sólido escasea si se sale de lo corriente. Unas sopas de cocido con fideos, templan el estómago en el único hotel de la localidad.

Un camino serpenteante entre senderos y pequeñas rutas asfaltadas, lleva desde Nájera hasta Santo Domingo entre bajadas y subidas. Algunas fuentes generosas de agua fresca, gorda, sabrosa, han calmado la sed y aliviado el fuego de la piel.

Nájera, Siete de Mayo de 1993.

Santo Domingo de la Calzada, Ocho de Mayo de 1993.

Sopa de cebolla

En Santo Domingo de la Calzada, se debería de tomar de acuerdo a las consecuencias de su tradición, la mejor sopa o el mejor caldo de gallina del mundo. Un gallo y una gallina permanecen vivos y periódicamente cambiados, en uno de los altillos de la Iglesia de la Catedral.

El Gallinero (www.catedralsantodomingo.com)

En el restaurante Casa Emilio se descubre una sopa de cebolla en crema, fina y sabrosa, original y apetecible. El restaurante del Peregrino ofrece una sopa de ajo, correcta sin más. La gallina y el gallo típicos deben servir a otras causas menos culinarias.

Se anda hacia Grañón, de espléndida iglesia cerrada y magnífica fuente de agua corriente, luego Redecilla del Camino, con la iglesia igualmente cerrada y una fuente refrescante, Villamayor del Río, Espinosa del Camino, Villafranca de los Montes de Oca y un camino precioso entre bosque de encina y roble, hasta llegar a la maravilla del Monasterio de San Juan de Ortega. Nuevamente una fuente de chorro espléndido hace recuperar las fuerzas del peregrino. Sus pies cansados se relajan antes de emprender la áspera entrada en Burgos.

Monasterio de San Juan de Ortega (www.turismocastillayleon.com)

San Juan de Ortega, Nueve de Mayo de 1993.

Caldo de gallina y jamón

Las estribaciones de los Montes de Oca hacen sufrir la cara y el cuerpo del peregrino con sus vientos y sus tormentas. Felizmente case sobre Cardeñuela del Río Pico, en donde un chaparrón sobre sus espaldas le empuja a entrar en el bar Betty. El encanto de la señora Rosa prepara un caldo de gallina y jamón que hace resucitar al mojado peregrino. Recuperados los ánimos ataca con ímpetu la entrada larga, interminable entrada en Burgos.

Llega a la parte vieja, asciende por la calle de Fernán González y sus retinas se llenan de gótico. Su cuerpo tiembla sobrecogido por la magnificencia de la catedral. Penetra en ella de puntillas, mirando desde abajo, con miedo a descubrir tanta riqueza y se extasía. Se extasía con la precisión de las tallas en piedra, las tumbas en mármol, los retablos, las capillas, el cielo de la Sacristía.

Catedral de Burgos (www.turismocastillayleon.com)

Sale conmovido de la riqueza del pasado. Enfrente, arriba la iglesia de San Nicolás convoca el milagro de los lunes. Rezando una oración a San Nicolás de Bari, este concedería un favor. El favor de la contemplación del retablo, tras el altar principal, ya es suficiente.

Sopa ajoarriero

Burgos ofrece además de arte, singularidades gastronómicas muy apreciables. De ello da buena muestra el “Opúsculo de amenas y sustanciosas reflexiones sobre el arte de bien manducar”, publicado por el afamado restaurante Casa Ojeda. Además de la descripción de legumbres y viandas, manjares diversos y cantos a las bondades del vino, aconseja sabiamente sobre la mentalización para sentarse a la mesa: “Arrincone el comensal toda preocupación o congoja. Dé en olvido sus cuitas, sosiegue sus humores, repantínguese, afloje las riendas de su cuerpo, beba despacioso un vaso de buen vino y dispóngase a comenzar”

Para comenzar se propone no echar en olvido la típica sopa al ajo arriero, que lleva previamente majado, unto, pimentón y ajo, con pan de hogaza cortado finamente y removido a cuchara de palo hasta que esta pueda quedarse en pie tiesa.

Sopa serrana de cangrejo

El escaso tiempo limita la cata burgalesa a algún producto interesante como la sopa serrana de cangrejos y cordero, sopa enciclopédica, con base de caldo de gallina al que se añaden cabezas de cangrejo de río y una vez colado y en el fuego nuevamente, trocitos de todo tipo, de cordero lechal, carne, huesos y menudillos, para terminar con las colas de los cangrejos, peladas.

Otras sopas de ajo de la orilla del Arlanzón, viejo productor de cangrejos, llevan en su densa consistencia, morcilla, picadillo y chorizo.

Para cenar el Landa. Espléndido marco, impecable servicio; el peregrino no se siente andante sino príncipe encantado. De tierras de más al Sur, se le ofrece una crema de gazpacho, más bien espesa, equilibrada en su conjunto de sabores, con el añadido de su típica guarnición, perfecta para tanta distancia con Andalucía.

Burgos, Diez de Mayo de 1993.

 

 

 

 

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