La huerta, fuente de salud

Desde los tiempos más remotos se reconoce la importancia de las verduras en la alimentación del hombre.

Cuando Roma se hallaba en pleno apogeo, la lechuga hasta entonces limitada a Asia Menor, y los pepinos originarios de la India, ya se cultivaban en los huertos de la periferia para el consumo de la población. A su vez, los romanos llevaban a sus colonias del norte semillas y raíces procedentes de las granjas itálicas, y en éste sentido la romanización no fue exclusiva de espadas, lanzas y militares, sino que en buena medida contribuyó a la difusión del cultivo de verduras como la lechuga y el espárrago.

En el siglo VII los ejércitos musulmanes atravesaron el Norte de África, y a principios del siglo VIII pasaron a España. Durante su estancia en la Península Ibérica introdujeron entre otras verduras, las berenjenas y las espinacas procedentes de Asia. Así como una cocina refinada, pobre en carne y rica en verduras.

Los franceses detuvieron el año 732 la invasión árabe en la batalla de Potiers. Pero las verduras y la influencia de la cocina islámica se extendieron por toda Europa Meridional.

Siglos más tarde, los españoles cruzaron el Océano Atlántico y conquistaron América, a su regreso trajeron, oro, plantas y semillas de tomates, pimientos, patatas, alubias y maíz. Resultando éstos tesoros mucho más perdurables que el codiciado metal amarillo.

A lo largo de la historia los agricultores de todo el mundo han conseguido versiones mejoradas de las plantas cultivadas ya existentes. Los romanos obtuvieron a partir de la escuálida col silvestre, tiernos brécoles, mientras en la Europa septentrional los agricultores, conseguían de la misma planta las apretadas y resistentes coles verdes y blancas de la actualidad. El cultivo de aquellos tiempos era cuestión de azar, y sus éxitos se debían a las misteriosas dotes de unos pocos privilegiados.

Desde principios del siglo XX la genética vegetal ha sustituido los métodos tradicionales, por una ciencia que produce resultados más rápidos y fiables.

Sus orígenes son en el trabajo de un botánico austriaco, Gregor Mendel, quien en el siglo XIX investigó cómo heredan los caracteres de una planta las generaciones siguientes.

El tratamiento correcto de las verduras tiene gran importancia. En el momento de adquirirlas en el mercado, hay que tener presente las de temporada, y dar preferencia a las verduras de región, ya que por su mayor proximidad a los puntos de venta no están sometidas a los efectos perjudiciales de un largo transporte. No hay que dejarse engañar por su aspecto, puesto que a veces este se debe al uso abusivo de abonos químicos o a su cultivo en un medio no natural. Lo importante es su aroma. Se trata de comprar los ejemplares más sabrosos, los más frescos y que sus hojas no estén lacias. Hay que procurar cocinar cuanto antes la verdura adquirida. La cocción más sana y recomendable es el vapor, la prolongada destruye en parte las vitaminas, y para conservar su color verde original, se aconseja añadir un poco de bicarbonato.

Desde los tiempos más remotos se les atribuye a las verduras cualidades de curación, y son una fuente de salud muy importante para nuestro organismo.

Una alimentación adecuada a base de productos de la huerta es fuente indispensable para una buena salud. No se vive de lo que se como, dice un antiguo adagio, sino de lo que se digiere.

  • Las alcachofas favorecen al hígado.
  • Las zanahorias son ricas en vitamina A7, refuerzan la vista, dan frescura a la piel y enriquecen la sangre.
  • La col es rica en vitamina C, ayuda a mantener ágil el cuerpo, a conservar las encías sanas y regenera la sangre.
  • El pepino combate el ácido úrico.
  • El pimiento verde tiene vitamina C y PP, por lo que mantiene el cuerpo joven.
  • La escarola depura la sangre, y se puede utilizar también como un ligero laxante, ya conocido en tiempos de los romanos.
  • Los berros tiene poder diurético y depurativo.
  • El hinojo posee virtudes antirreumáticas.
  • Las espinacas contienen vitamina K.
  • La lechuga fresca, vitamina E, protege contra las enfermedades de la vejez, es buena para el corazón, los músculos y la piel.

Autor: Catalina Olabarri/Historiadora y Académica de Número.

Publicado en la Revista “Apuntes de GASTRONOMÍAS”, Junio 2000.