Hablemos de Champagne

Los momentos que preceden y suceden al advenimiento del nuevo año son propicios para brindar con champagne, termino internacional que, para el vulgo, en muchos casos, encubre  vinos y sidras espumosos. Hoy dedico estas líneas al verdadero vino francés.

El champagne es un vino que debe su nombre a que se elabora en la región de Champagne, a unos 200 km al noroeste de Paris, cuya ciudad mas importante es Reims. Las 34.000 ha. de terrenos ondulados, de suelo cretáceo y bien irrigado, están plantadas (para tener derecho a la D.O) con vides, pinot noir (38%), pinot meunier (35%) y chardonnay (27%), que casi milagrosamente fructifican y maduran a una temperatura media anual de 10º. La característica principal del método “champenoise” al que se somete el vino es que este sufre una segunda fermentación en botella, que es el que le confiere la espuma.

Salvo el champagne de añada (llamado milesimé), que puede mejorar en botella, el resto debe beberse en el momento en que sale a la venta, ya que con el paso del tiempo declina rápidamente.

Debe conservarse en lugar fresco (la temperatura ideal es 12º) y manteniendo la botella tumbada, con el fin de que el liquido este en contacto con el corcho y este no se seque. No es conveniente tenerlo mucho tiempo en el frigorífico. Estos consejos y los que a continuación indicaré, son también válidos para el cava.

La temperatura ideal para beberlo oscila entre los 6-8º. Para poder mantenerla durante todo el servicio, se aconseja conservarlo en una cubitera con hielos y agua que cubra totalmente la botella. Para mejor apreciar la fina burbuja se aconseja servirlo en copas de cristal transparente, sin dibujos, ni coloración alguna, en forma de tulipa, con cuerpo alto y boca estrecha. Se recomienda mantener la copa en el frigorífico antes de comenzar el servicio y escanciar poco líquido cada vez, para evitar que se caliente. Hay que tener presente que en un comedor que este a 25º, la temperatura de estos vinos subirá, en la primera hora, a razón 2º por cuarto de hora, con lo que corremos el riesgo, si no tenemos cuidado, de acabar bebiendo un caldo.

Con la copa en alto, siempre cogida por el pie, deseo a todos mis lectores “Urte berri on”

Autor: Juan José Lapitz/Académico de Número.

Publicado en: Saber y Sabor de “El Diario Vasco”