Fresas en sazón

Autor: Juan José Lapitz/Académico de Número.
Publicado en: Saber y Sabor de “El Diario Vasco” (2/05/2015)

La fresa es un auténtico manjar; un verdadero regalo de la naturaleza, un fruto que reúne tres propiedades que lo hacen extremadamente apetecible, su intenso color rojo, su acusado perfume y su sabor inconparable con un deje dulzón. Propiedades éstas que se aprecian ahora, en el mes de mayo, cuando maduran al aire libre y podemos llevarlas, directamente, de la mata a la boca. Nada que ver con las que se ofrecen a lo largo de casi todo el año, cultivadas en invernaderos que, si bien, tienen gran tamaño y color intenso, carecen casi de fragancia y en boca resultan insípidas.

Desgraciado peaje que pagan quienes no saben esperar a comerlas cuando están en plena sazón y consumen, en invierno, las tratadas genéticamente en aras de un aumento de productividad y una mejor conservación. Pertenece a la familia de las rosáceas, siendo su nombre “científico “fragaria vesca”, que hace referencia a su fragancia. Aun cuando existen decenas de variedades, de una manera muy simplista las podemos dividir en dos, las fresas silvestres o de bosque, de diminuto tamaño pero extraordinario aroma, y las que cultivamos en las huertas e incluso balcones, de talla más crecida. En euskera la llamamos maruri, marrubi, mailluki o arraba.

Limón 2015Con el fín de conservarlas el mayor tiempo posible, no se debe retirar el pedúnculo, deben colocarse espaciadas en una fuente de forma que no se toquen y ésta ponerla en el frigorífico o en lugar sombrio y fresco. A la hora de comerlas, el sabor acrecentará si las rociamos con un poco de limón. Simplemente maceradas en vino o en zumo de naranja son excelentes. Combinan muy bien con el yogur y con el clásico chantilly. No se les ocurra guisarlas con patatas o arroz, como proponen algunos, el resultado no merece la pena. En cambio, pueden cocer las hojas, que son comestibles y limpian los intestinos y cortan diarreas.

A este respecto he de decir que las propiedades medicinales de estos frutos las asemejan a un botiquín natural. Su gran cantidad de agua -90%- las hace diuréticas, siendo óptimas para eliminar el ácido úrico. La carencia de azúcar las adecúan para la dieta de los diabéticos. Su roja pigmentación denota la presencia de antocianina que previene las enfermedades degenerativas y su riqueza en anginina les confiere poderes estimulantes y aumentan la líbido.

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