Flor de calabacín

23 agosto, 2022

Autor: Juan José Lapitz/Académico de Número

Publicado en: Saber y Sabor de “El Diario Vasco”

La cocina moderna ha puesto, desde hace algunos años, en boga el empleo de las flores de calabacín, como un elemento de atractivo color amarillo-naranja, de regusto dulzón que permite albergar en su interior diversas farsas, de forma que agradable presentación y sabrosidad se den la mano.

 

Pero he podido comprobar que su empleo en cocina no es de hoy. Ha caído en mis manos “Las Recetas de la abuela”, curioso  librito que la Academia  Aragonesa de Gastronomía, dedica a la región turolense de Matarraña, donde se ha celebrado el anual concurso, bajo el mismo título que la publicación, en el que han participado 229 escolares. Entre las recetas premiadas figura «Hortereta del huerto“, enviada por Juan Boné, un chaval de catorce años que, indudablemente, a la hora de redactarla ha seguido el dictado de su abuela.

 

El académico Darío Vidal, al referirse a este plato dice que su denominación popular es “hortera” o “güertera”, uno de los guisos mas apetecidos por los amantes de la cocina tradicional, en el que “no se desdeña nada de lo que da el huerto en cada estación y caben todas las verduras, sin estorbarse unas a otras, a condición de que fueran lozanas y estuvieran recién recogidas”. Entre los ingredientes incluye ”flor macho de calabacín”

Creo que la precisión tiene gran importancia. Los calabacines, como otras cucurbitaceas, producen unas flores cuya corola esta compuesto por unos cinco o seis pétalos de forma puntiaguda de color anaranjado. Independientemente de que se diferencien las flores macho de las hembras en que estas tienen pistilos y aquellas estambre, salta a la vista que las masculinas tienen un pie largo y delgado, mientras que las femeninas lo tienen corto y abultado, en el se desarrollará posteriormente el fruto adosado a la flor. Si utilizáramos las flores hembras impediríamos que el fruto creciera.

Ahora que el verano se avecina, les propongo la receta, recordándoles lo que sabiamente me dijo un hortelano de Tarazona, cuando preparaba una ”sartenada” en medio de un melocotonar: ”Este guiso está mucho bueno, pero si le echas un conejico, mas mejor” Así que comencemos por trocear y sofreír  un conejo, y cuando haya tomado color agregar, cebolla, pimiento verde, vainas , etc. Entre tanto freímos el tomate, y añadimos a la cazuela al tiempo que unas patatas, las flores de calabacín y perejil. Cubrimos con agua y dejamos que se haga a fuego lento.