Al Centro

27 octubre, 2022

No, no es una llamada a la moderación centrista, que tan bien le vino a este país en determinados momentos históricos. Tampoco el grito de un hincha futbolero apremiando al extremo para que centre.

Es algo que cada vez se suele ver con más frecuencia en tabernas, gastrobares e, incluso, en restaurante de un cierto nivel. Con ello se pretende que el grupo -generalmente es costumbre dedicada a un cierto número de comensales- se reparta unas entradas (antiguamente se llamaban entremeses (*)) antes de atacar el plato principal que, ese sí, suele ser individual.  Para compartir sería otra expresión utilizada para la misma propuesta.

El asunto tiene su base -supongo- en la posibilidad de probar más platos a un precio contenido. No confundir con el menú degustación en el que se prueban muchos pero emplatadas individualmente.

El problema surge a la hora de repartir. Hay platos, o tapas, que son fácilmente divisibles, como las croquetas o las gambas, eso sí, siempre que el camarero tenga los reflejos suficientes para adaptar el número de piezas al número de comensales. Quiero decir, que si la ración de croquetas es de 4 uds. y hay 5 comensales, pues no cuesta nada subir la ración a 5, aunque luego se refleje en el precio.

Cuando se sirve una ensaladilla rusa -plato plaga como las croquetas o el tataki– es muy divertido ver cómo se reparte. Generalmente, el más ducho en el manejo del tenedor y la cuchara, oficia de repartidor, pero, como es muy educado, divide la ración en porciones pequeñas para que siempre quede algo, o sirviéndose él el bocado más pequeño.  Una vez dada buena cuenta del plato, y teniendo la tropa bastante hambre, llega la operación de ir repartiéndose lo que va quedando. Y ahí aparece una cuestión matemática. Imaginemos que la porción restante es de 50 grs. El más lanzado lanzará -nunca mejor dicho- la cuchara para recoger un poco pero nunca será la totalidad (además de lanzado es educado). Supongamos que quedan unos 30 grs. (El lanzado ha cogido 20). El siguiente tratará de coger -educadamente- otro trocito de… ¿20 grs? Restarán 10 grs. Se podría seguir la serie hasta el infinito aunque lo que suele ocurrir es que la última porción se quede en el plato o la rebañe el más desinhibido; pero siempre es una porción ridícula.

Esto por el lado del reparto cuantitativo. Qué pasa con el cualitativo. Imagínense un pequeño bocado con caviar… U otro caso más divertido como sería el de los tan de moda -pero no siempre bien ejecutados- huevos a baja temperatura: intenten repartirlos sin transformar la compacta yema inicial o la fluida clara en una especie de mezcolanza en el que alguno catará la yema, otro la clara y algún otro un batiburrillo.

Todo esto se agrava por la costumbre -lógica en el eufórico, y hambriento momento de sentarse y pedir la comanda- que tienen -tenemos- los grupos amicales de pedir de todo. Lógicamente, a más platos menos cantidad de cada uno (por aquello de no pasarse en el precio) llegando a darse el caso de repartir el mencionado huevo entre 12, o una ración de 6 croquetas entre 9.

Incluso hay un efecto final…. en la cuenta. Yo no se lo qué pasa pero cuando se sigue ese sistema al final siempre se tiene -al menos yo- la sensación de que se ha pagado mucho y comido poco. Sobre todo si eres de los respetuosos en el reparto.

(*): Desde aquí, un homenaje a los entremeses pantagruélicos con fritos maravillosos del histórico PANIER FLEURI centeriano, de la familia Fonbellida. ¡Honor y Gloria!

Autor: Fernando Luis Barrio Martín – Bibliotecario AVDG